martes, 20 de junio de 2017

Desigualdades socioeconómicas en salud: Algunas reflexiones Anna García-Altés (@annagaal)



El Observatorio del Sistema de Salud de Cataluña ha publicado recientemente un informe sobre los efectos de la crisis en la salud de la población. La crisis económica de los últimos años ha tenido un impacto importante sobre los determinantes sociales de la salud, limitando la renta disponible de la ciudadanía y afectando sus condiciones de vida, trabajo y vivienda. Sin embargo, comprender los mecanismos por los que las desigualdades sociales inciden en la salud poblacional, a efectos de cómo combatirlos o neutralizarlos de la manera más efectiva posible, en cada lugar y momento del tiempo, sigue siendo una asignatura pendiente de nuestra política social.

La simple constatación de los efectos de la crisis sobre las desigualdades, de renta primero y de salud después, no da pistas certeras de cómo los elementos surgen e interaccionan. ¿Son las desigualdades en salud consecuencia de los recortes en el gasto sanitario para equilibrar la caída de los ingresos fiscales? ¿Retornando a los niveles de gasto anteriores a la crisis desaparecerían estas desigualdades?

Ciertamente, algunos sistemas sanitarios europeos han mostrado una mejor resistencia que otros ante las crisis y, entre los factores que explican esta mejor respuesta están, para algunos autores, las políticas públicas de gasto en salud. Pero ¿Qué tipo de gasto en salud? ¿”A piñón fijo” o priorizando, ahora más que nunca, los recursos disponibles en cada caso?

Además, para que haya más desigualdad, y no tan sólo más pérdida de salud, tenemos que asumir algunas hipótesis sobre el comportamiento de la demanda, resultado de las elasticidades precio y renta.

Otras formas de protección social, como las que asegurasen unos niveles adecuados de gasto sanitario público, evitando lagunas de cobertura sanitaria, tanto legales como de coste de oportunidad de acceso a los servicios gratuitos, debieran de contemplarse de modo mucho más específico.



Y es que, en general, no supone igual mecanismo de reacción un cambio en desigualdad en renta por un aumento adicional del paro (caso español) que por un aumento de rentas de los más ricos respecto de los menos (como en el caso de los países nórdicos), o en contextos en los que la pérdida de empleo reduce estrés y facilita el “jogging” como señala alguna literatura estadounidense.



Todo ello, ciertamente, ha de ser puesto en el contexto de cada situación, dados los estilos de vida, con valoración no por renta sino por riqueza (la composición de activos aquí es importante vista la enorme caída de los precios de los activos, con mayores efectos en los grandes patrimonios), ya sea por individuo, perceptor de renta o cabeza de familia.
Además, aún pudiendo identificar los mecanismos que interaccionan en las desigualdades de salud de raíz socioeconómica, la prudencia exige limitar las conclusiones a un país concreto, tiempo y lugar, con dudas acerca de si lo que se conozca del pasado pueda informar con garantías las correcciones necesarias del futuro.

Todas estas reflexiones, más argumentadas, podréis encontrarlas en el último número de GCS Gestión Clínica y Sanitaria, en un editorial elaborado por Guillem López-Casasnovas y yo misma.


http://www.iiss.es/gcs/gestion64.pdf

lunes, 12 de junio de 2017

Gestión Clínica y Sanitaria 64. Aquí estamos de nuevo. Por Ricard Meneu



Tras el parón técnico durante 2016 de la actividad del blog de Gestión Clínica y Sanitaria, lo retomamos con energía renovada.  Lo primero, actualizando los  vínculos a los números editados el año pasado, que no estaban activados.
Y ahora presentamos el primer número de 2017 que ya está en distribución física. En él encontrareis las habituales decenas de revisiones y comentarios de artículos notables publicados en los últimos meses. También la clásica sección de Manuel Arranz que en esta ocasión trata sobre Babilonia  de Yasmina Reza.

La sección editorial incluye unas interesantes reflexiones de Anna García Altés y Guillem López Casasnovas sobre desigualdades económicas en salud, así como un texto de éste sobre “El nomos del oikos y el logos del onco” que consideramos merecía una difusión mayor que el acto académico para el que fue preparada su versión inicial.

Last but not least, nuestra sección favorita,  Elementos para un debate informado” presenta un texto bien armado de Josep M. Busquets Font y Josep Arnau i Figueras  sobre si ¿Debe seguir estando prohibido morir por decisión propia?.

Si comprensiblemente no podéis esperar a que entre en los buzones de vuestras casas,  el Gestión Clínica y Sanitaria número 64 está aquí:


http://www.iiss.es/gcs/gestion64.pdf


viernes, 15 de enero de 2016

¿Hacemos un hackaton?, por Anna García-Altés @annagaal



Empezamos el 2016 en el blog de GCS Gestión clínica y Sanitaria con un tema ligero. Seguro que los lectores de GCS Gestión clínica y Sanitaria habrán visto por la televisión alguna vez imágenes de un hackaton: una sala llena de gente del mundo de la informática, trabajando durante varios días seguidos en la resolución de un problema. Pues sorpresa: ¡También se aplica en sanidad!


 Si consultamos la Wikipedia (https://es.wikipedia.org/wiki/Hackathon) un  hackaton es un encuentro de programadores, que suele durar entre dos días y una semana, cuyo objetivo es el desarrollo colaborativo de software libre. “El término integra los conceptos de maratón y hacker, aludiendo a un experiencia colectiva que persigue la meta común de desarrollar aplicaciones de forma colaborativa en un lapso corto”. “Desde el punto de vista organizativo supone una dinámica horizontal e intensiva en donde los participantes complementan experiencias y habilidades individuales con el propósito de desarrollar soluciones concretas”.

Pues bien, el Massachusetts Institute of Technology (MIT) ha puesto en marcha lo que ellos llaman “HackingMedicine Initiative” (por cierto, una página web recomendable, con muchos recursos), cuyo enfoque es el de hacer un “hackathon de sanidad”: Diversos equipos multidisciplinarios, compuestos por médicos, pacientes, ingenieros, diseñadores, expertos en servicios sanitarios y empresarios, trabajan juntos para, de una manera rápida, validar las necesidades clínicas y desarrollar soluciones.

Los hackathons se basan en tres principios básicos: Énfasis en un enfoque basado en problemas, polinización cruzada de disciplinas, e iteración rápida de las ideas. Básicamente, un hackaton de sanidad se centra en sesiones de brainstorming en las que se validan objetivos, se proponen soluciones y se añaden perspectivas. El feedback en iteraciones cortas de los usuarios finales (pacientes, financiadores y proveedores) permite un avance más rápido hacia la solución final.

Además del diseño del producto final, los equipos llevan a cabo un plan de negocio y de desarrollo. La idea también es que el  hackathon no sea un evento aislado, sino un elemento catalítico de la innovación en las organizaciones, por lo que el evento se acompaña de ayudas (de financiación o de otro tipo) para impulsar el producto hacia adelante.  El equipo del MIT ha realizado estas dinámicas en numerosas ocasiones, de las que han surgido algunos desarrollos tecnológicos y farmacológicos, a pesar de que la mayoría giran alrededor de nuevas formas de provisión de servicios.

Pues bien, si quieren ser como Facebook y Google y estar a la última siguiendo los pasos del MIT, prueben de hacer aplicar esta metodología, aunque sea a pequeña escala: Vayan un paso más allá del trabajo en equipo, cincuenta pasos más allá del trabajo individual, y enriquézcanse con las ideas que surgen de otros contextos.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

No hay de qué preocuparse. Todo tiene su explicación. Por Fernando Rodríguez-Artalejo



Ya está disponible en la red y distribuyéndose en papel el número 60 de Gestión Clínica y Sanitaria
El artículo está muy bien escrito, los métodos son rigurosos, y sus resultados tienen gran relevancia práctica para las pacientes. Por ello, propuse a mi madre y a mi tía que leyeran el resumen; a continuación transcribo sus comentarios.
Madre (89 años): ¡Esto es un desbarajuste!

Tía (87 años): No hay de qué preocuparse. Seguro que tiene una buena explicación.
Madre: Para empezar, si vives en EEUU las guías dicen que hay que tratar a distintas mujeres que si vives aquí. ¿Tan diferentes son los huesos de unas y otras?
Tía: No, lo que cambia son los médicos que hacen las guías, y que aquí tenemos seguridad social y allí no.
Madre: Pues a ver si se ponen de acuerdo.
Tía: Sí, seguro que sí, porque en el artículo dicen que es urgente y los datos son de 2006.
Madre: Pues acaban de publicarlo y no dicen que se haya hecho nada al respecto. En fin, cuando vaya a pasar unos meses con mi hija Cristina en EEUU no sabré qué he de hacer, e incluso me podrán cambiar la medicación.  
Tía: Bueno, no hay que irse tan lejos. Aquí, según qué especialista te trate, te dará una cosa u otra. Es lógico, porque seguro que las pacientes que ve el ginecólogo son distintas que las del traumatólogo. Ya se sabe que no hay enfermedades sino enfermos.
Madre: Bueno, pues a mí la espalda me duele un montón a pesar de la medicación. Le pregunto a Fernando cuál es el médico de los huesos (reumatólogo, traumatólogo, geriatra, internista, médico general….), y me dice que vaya al general o al que quiera..…, que da igual. ¡Como para hacerle caso!
Tía: Él se refiere a que cualquier buen médico te puede tratar el dolor. Y que quien lo trate, debe conocer y tratar tus otros problemas de salud, y seguirte a lo largo del tiempo. Por otro lado, en el artículo se habla de la osteoporosis y no del dolor. Están relacionados, pero no es lo mismo.
Madre: Pues este chico no ha reparado que en la mayoría de los casos no es el médico general quién pone el tratamiento, sino otros médicos. ¿Para qué me envía el médico general?
Tía: Él te aconseja bien. Al menos hay uno que se ocupa de todos tus problemas; no como antes, que cada especialista se ocupaba de una cosa pero nadie se ocupaba de ti.  
Madre: En el artículo dicen que hay un montón de pacientes a las que se trata sin estar indicado. ¡Y luego dicen que no hay suficiente dinero para la Sanidad y encima me restringen los medicamentos!
Tía: A ti no te falta de nada. Además, las cosas no son blancas o negras. Los autores dicen que han utilizado unos criterios razonables para interpretar las recomendaciones de las guías (porque a veces no eran claras), pero que si hubieran usado otros criterios los resultados podrían ser distintos.
Madre: Pues entonces las conclusiones pueden ser exageradas. Además, quizás los investigadores son como mi hijo, un médico que no trata a pacientes…….. Seguro que no han tenido en cuenta todas las características de cada paciente concreto.
Tía: Según Fernando, es un estudio con información muy detallada. Por otro lado, he oído en la radio que esto se resolverá con la “medicina personalizada”, porque a cada paciente le darán la medicina que mejor le vaya. Pero me temo que ya será tarde para nosotras.
Madre: ¿Sabes qué creo? Que los autores pueden haber seleccionado los criterios a posta para que los resultados salgan muy escandalosos. ¡Cómo es posible que los médicos estén dando medicamentos a gente que no los necesita! Y además, ¡que haya personas que los necesitan, porque ya han tenido fracturas, y no se los den! ¡No puede ser! ¡O el artículo está mal o no hay derecho a que pase esto!
Tía: Confía en la ciencia, que gracias a ella cada día vivimos más.
Madre: ¡Te he dicho que no puede ser!
Tía: ¡Qué más te da! Fernando me ha dicho que en el artículo solo hay 70 mujeres de 75 y más años; estoy casi segura que no hay ninguna tan vieja como nosotras. Además, hace poco que me dijiste que estabas aburrida de tomar el medicamento de la osteoporosis y que lo ibas a dejar porque no notabas ningún efecto.  
Madre: El otro día dijeron que las salchichas producen cáncer y, hoy, leo que la medicina es un disparate. ¡Yo ya no me creo nada!
Tía: Que yo sepa este artículo no ha salido en los periódicos.
Madre: ¡Menos mal!

NOTA del transcriptor: Si los pacientes supieran…..Ya que los gestores acabarán siendo pacientes, les aconsejo que lean el artículo para tener opinión propia, y no la de mi madre y mi tía.