jueves, 19 de diciembre de 2013

Le GCS nouveau est arrivé. Con cambios en la distribución de GCS, por Salvador Peiró

GCS -Gestión Clínica y Sanitaria- inicia con este número su volumen 15 Son ya 15 años intentando difundir las “evidencias” procedentes de la investigación epidemiológica, clínica, en economía de la salud y en servicios sanitarios entre clínicos, gestores, investigadores y otros públicos interesados. También de intentar aportar “elementos para un debate informado” (una de las secciones de GCS) a la orientación del sistema sanitario. Los editores creen -sin muchas evidencias, todo hay que decirlo, más allá de la opinión de los lectores que nos escriben- que GCS cumple un papel positivo para el sistema sanitario, contribuyendo a generar cierta capacidad de reflexión y debate abierto en un entorno aparentemente muy polarizado por las ideologías.  En este sentido, GCS ha sido especialmente activa en la difusión de trabajos que lo tenían “crudo”: los que mostraban resultados “negativos” (lo que no hay que hacer), los de seguridad, los que apoyaban la eficacia de tecnologías o medicamentos de bajo coste, los de intervenciones con limitado potencial de retorno empresarial (cambios en estilos de vida), los de tecnologías no patentables (rehabilitación, algunas cirugías, cuidados, …), los ensayos pragmáticos de intervenciones organizativas y las evaluaciones de intervenciones de mejora que, a priori, eran fáciles de implementar en el SNS. 
En los últimos tiempos, las dificultades financieras de GCS han llevado a alterar su periodicidad (que, en la práctica, ha sido ya cuatrimestral durante 2013), y a reducir la tirada en papel (actualmente, unos 6000-7000 ejemplares, a los que se unen más de 2000 descargas de la web). Aunque en las revistas “científicas” el papel es un aspecto menor,  no lo es en GCS, una revista de difusión que por vocación quiere estar en las consultas, en los despachos y, por si acaso, en las salas de espera de gestores y decisores.  Hasta la fecha, la versión papel se ha distribuido gratuitamente a los miembros de una docena de sociedades científicas y profesionales gracias al esfuerzo de los patrocinadores de GCS y a acuerdos con estas sociedades que asumían los costes (o parte) de la distribución a sus socios. Las limitaciones presupuestarias de algunas de estas sociedades están modificando algunos de estos acuerdos. Son decisiones de sociedades “amigas” que pueden ser razonables en el contexto actual y que, en todo caso, respetamos. Pero que nos obligan a modificar la distribución.  


En 2014, la versión en papel de GCS continuará siendo gratuita, pero las sociedades que deseen que sus socios la reciban deberán seguir sufragando los costes de la distribución por correo ordinario (menos de 2 euros/año por receptor). Algunas sociedades han previsto trasladar esta cantidad a la cuota de los socios que deseen continuar recibiendo GCS (los no interesados dejarán de recibir la versión en papel). Otras sociedades mantienen los acuerdos de distribución existentes y alguna otra lo ha suspendido, al menos de momento.


Por ello, los miembros de algunas sociedades verán que dejan de recibir la versión en papel. GCS mantendrá la distribución a bibliotecas, instituciones  y centros sanitarios, y la versión en red continuará siendo gratuita y de libre acceso (en formato pdf descargable desde http://gcs-gestion-clinica-y-sanitaria.blogspot.com.es y desde http://www.iiss.es/gcs/index.htm ).  Por lo demás, pocos cambios en GCS. Continuará dirigida por el equipo editorial habitual y con su habitual independencia para elegir temas y personas, seguirá contando con esa larga y creciente lista de más de 200 colaboradores (también habituales, incluso los muchos que se incorporan en este número), y mantendrá el “compromiso” por aportar, modestamente, alguna información (y algo de conocimiento) a la casa común que compartimos la comunidad sanitaria, los pacientes y los ciudadanos.

martes, 5 de noviembre de 2013

Open data en salud: entrando en la cueva de Ali Baba, por Anna García-Altés (@annagaal)

La información que genera el contacto de los ciudadanos con el sistema sanitario es más que abundante. Para hacerse una idea, sólo en Cataluña se produjeron el año pasado cerca de 45 millones visitas a centros de atención primaria, más de 700.000 hospitalizaciones, y se emitieron más de 10 millones de recetas. Todo esto y mucho más (pruebas diagnósticas, imagen médica, farmacia hospitalaria, costes, etc.) se traduce en registros administrativos que se almacenan y gestionan en grandes bases de datos. La administración es responsable de la custodia de esta información, pudiendo hacer uso de ella para la mejora de la calidad de la asistencia y para la planificación sanitaria.


Además, los avances en el desarrollo, la interoperabilidad y el cruce de los diferentes sistemas de información están facilitado la obtención de un gran número de datos que contribuyen a una mejor caracterización de la población y los pacientes, siendo primordiales para la evaluación de los resultados de la política sanitaria. A medida que los datos sean aún más abundantes, disponibles en formato electrónico, de mayor calidad, y vinculable –“lincables” – entre bases de datos administrativas, el campo que se abre es inmenso. Así, la información recogida da lugar a nuevas formas de generar conocimiento, en especial cuando se conjugan múltiples fuentes de datos (genéticos, medioambientales, socioeconómicos, etc.) a disposición de la ciudadanía. De este modo, la información se convierte en un activo muy valioso a la hora de planificar y evaluar, pero también para terceros, especialmente en investigación y potenciando el uso de datos abiertos.
             
                   



Por otra parte, tener acceso a los datos de la administración contribuye a garantizar la transparencia, la eficiencia y la igualdad de oportunidades, a la vez que se crea valor. La transparencia porque se pueden consultar, tratar y valorar datos que vienen directamente de fuentes oficiales; la eficiencia porque ciudadanos y organizaciones pueden crear servicios más allá de lo que la propia administración es capaz; y la igualdad de oportunidades ya que el acceso es el mismo para todos los interesados, al mismo tiempo y en el mismo lugar a través de un único portal que agrupa el catálogo de datos de cada organización, tal como marcan las recomendaciones del World Wide Web Consortium (http://www.w3.org/egov/). Para el caso citado de Cataluña el portal de referencia es http://dadesobertes.gencat.cat

La mejora de la transparencia del sector público exige mostrar qué se hace con el dinero de la ciudadanía. Dada la limitada experiencia local se puede recurrir a un ejemplo del Reino Unido, donde el periódico The Guardian utiliza los datos liberados para informar a la población de una manera muy gráfica y comprensible (http://www.guardian.co.uk/data). La Comisión Europea considera que los datos de la administración tienen que ser reutilizados, ya que, además de transparencia, esta liberación supone un motor al desarrollo de la sociedad de la información, sobre todo en el sector de los contenidos y servicios digitales. La disponibilidad de esos datos puede permitir emprender a terceros (desde localizar negocios a crear Apps) e incluso crear mayor cohesión social (Apps y webs donde se la población puede denunciar desde agujeros en el pavimento de las calles, puntos negros de accidentabilidad de bicicletas, o criminalidad).

Quienes creemos en la transparencia, en las externalidades positivas de compartir, y en el uso de datos para la evaluación y la toma de decisiones nos sentimos confiadamente afortunados.

lunes, 7 de octubre de 2013

Gestión Clínica y Sanitaria (GCS) 52 y 53 ya están aquí

La anunciada entrega del número doble de GCS (Gestión Clínica y Sanitaria) ha tardado más de lo deseable, pero creemos que sus contenidos compensan esa demora.

Además de las habituales decenas de revisiones de trabajos sobre las distintas secciones fijas de la publicación, el número se abre con un artículo original de Guillem López Casasnovas sobre desigualdades en salud: “Crisis económica, regresión de rentas, desigualdades en salud”.

 

A éste sigue una interesante recapitulación sobre la cada vez más preocupante epidemia de sobrediagnósticos, ésta a cargo de Andreu Segura, al que agradecemos especialmente su puntualidad en tiempos revueltos: “Sobrediagnóstico: una sinécdoque y algo más.”

 

En agradecimientos especiales tenemos otro para Carlos Campillo, quien ha lidiado valientemente con los riesgos de las malas prácticas en la publicación a fin de generar un documento divulgativo y suficientemente original sobre la muy desatendida e importante cuestión de los dispositivos médicos y las regulaciones que enmarcan su autorización y control: “Aparatos y dispositivos médicos: casuística de una desregulación”. 


La verdad es que estamos tan satisfechos con los trabajos de todos los colaboradores de GCS (Gestión Clínica y Sanitaria) que casi nos disculpamos por nuestros incumplimientos de plazos. 
Pero aunque podríamos seguir glosando merecidamente los contenidos del número, creemos que es mejor que accedan a él – presentado en el lateral de este blog como los dos números separados que agrupa - , mientras nosotros nos ponemos a organizar el siguiente,  intentando que llegue en el plazo establecido.


miércoles, 18 de septiembre de 2013

Gestión Clínica y Sanitaria: De cap i de cul

GCS – GESTIÓN CLÍNICA Y SANITARIA -hablamos ahora de la revista, no del blog- ha pasado una temporada delicada que los lectores habrán notado, sobre todo, en retrasos en edición.

Como suele decirse, buena parte de la culpa la tiene la crisis. Pese al esfuerzo de los patrocinadores, los fondos para la edición de la GCS se han reducido  en algo menos del 50%, cosa que no ha sucedido con los costes de imprenta y distribución. Y, desde el año pasado, intentamos mantener la edición de sólo 3 números al año en lugar de los 4 tradicionales. 
 

No es el único motivo. Las incertidumbres sobre el futuro de la revista, la posible renovación de los editores y una cierta fatiga de editores y colaboradores (son ya 14 años de GCS) también han contribuido a las retrasos. Un periodo revuelto.Pero vamos a intentar ponernos al día. En las próximas semanas (previsiblemente a partir de la primera de octubre) retomamos la distribución con un número doble. 

Y no sólo es doble, sino de lujo. El GCS 52-53 incluye editoriales de Guillem Lopez CasasnovasAndreu Segura y Carlos Campillo, así como comentarios de la mayor parte de los colaboradores habituales de la revista: Ignacio Abásolo, Galo Agustín, Carlos Aibar, Estanis Arana, Fernando Rodriguez Artalejo, José Miguel Carrasco, Arturo Carratalá, Eusebi Castaño, Ferrán Catalá, Pedro Cervera, Jaime Espín, Raquel Faubel, Marisol Galeote, Juan Manuel García, Aníbal García Sempere, Antonio J. García Ruiz, Sergio García, Enrique Gavilán, Juan Gérvas, Beatriz González López-Valcarcel, Victoria Gosalbes, Ildefonso Hernández, Paco Hernzsanz, Álvaro Hidalgo, Isabel Hurtado, Iñaki Imaz, Julián Librero, Susana Lorenzo, José J. Mira, Modesto Martínez Pillado, Jorge Navarro, Jaime Pinilla, Juan Oliva, Juan Pablo Ordovas, Vicente Ortún, Luis Ángel Oteo, Salvador Peiró, Joan MPV Pons, José Ramón Repullo, Vicente Ruiz García, Bernardo Santos, Antonio Sarriá, José Sanfélix, Andreu Segura, Cristian Tebé, Marta Trapero y Rosa Urbanos. 
Este post es, fundamentalmente, para darles las gracias. GCS sigue, y sigue, sobre todo, por su esfuerzo. También a todos los lectores. Especialmente a aquellos que visitan la –ciertamente austera- web de GCS, y la siguen visitando con la esperanza de encontrar un nuevo número [El año pasado, la web recibió  7.156 visitas, fundamentalmente para descargar la revista … ya que no hay otra cosa], y a los que descargan la revista desde las web de organizaciones como la Fundación Gaspar Casal, la Fundación SIS, o la Cochrane Plus. Sabemos que se requiere voluntad para visitas páginas que se actualizan con periodicidades tan largas (y ahora con un número menos al año).
Gracias a todos.

martes, 28 de mayo de 2013

¿Sin tetas no hay paraíso?, por Anna García-Altés (@annagaal)

Sin duda la noticia “sanitaria” de las pasadas semanas, prorrogada ayer con una muerte anunciada, ha sido la doble mastectomía de Angelina Jolie, y su sugerencia de que las mujeres se hagan las pruebas para el BRCA para evitar el cáncer.

El mensaje que la “celebrity” mandaba al mundo fue infinitamente más poderoso y rápido que cualquier campaña de educación para la salud que pueda imaginarse. Inmediatamente, todos los medios de comunicación y las redes sociales hablaban, con mayor o menor fundamento, del tema. Las voces pidiendo el cribado del BRCA para todas las mujeres no se hicieron esperar.

Sin prejuzgar las motivaciones y circunstancias de la actriz, el recurso a “famosos” para situar en la agenda pública intervenciones sanitarias tiene ya un largo recorrido, que pasa por el VIH de “Magic” Johnson, la disfunción eréctil de Bob Dole o el cáncer mamario de Kylie Minogue, cuyo impacto ya fue estudiado en su día.

La evidencia científica disponible en la actualidad no avala la realización de los BRCA de manera generalizada a la población femenina, o a cualquier mujer que lo solicite. Según la US Preventive Task Force, si 100.000 mujeres de la población general se cribaran de mutaciones del gen BRCA, se prevendrían 16 casos de cáncer de mama mediante mastectomía, y 31 de cáncer de ovario mediante oforectomía. Este riesgo es muy inferior a riesgos cotidianos, y muy inferior también a los cribados de cáncer de mama habituales. Eso no descarta que en algunos casos individuales concretos pueda ser aconsejable, como pudiera ser el caso de historia familiar fuerte (cánceres familiares en primer grado y antes de los 40 años), pero siempre apoyados con herramientas de ayuda a la toma de decisiones que incorporen todas las incertidumbres y la información de lo poco que se sabe de resultados a largo plazo. Seguramente un caso claro para aplicar la prudencia y evitar el encarnizamiento preventivo que proponen Juan Gérvas y  Mercedes Pérez Fernández en su reciente y exitoso libro (¡!!3ª edición!), “Sano y salvo… y libre de intervenciones médicasinnecesarias”.
 

Aunque la filosofía de la sospecha no está últimamente de moda, no debe pasarse por alto que estas pruebas de diagnóstico precoz y su radical intervención preventiva llevan años entre nosotros. De hecho, al test BRCA le quedan dos años de patente. Coincidencia o no, las acciones de Myriad, su fabricante, al día siguiente de la noticia habían experimentado una inopinada subida.

sábado, 13 de abril de 2013

¿Nos movemos?, por Anna García-Altés (@annagaal)

Según los últimos datos de la ESCA, en Catalunya el 58,2% de los hombres y el 42,2% de las mujeres de 18 a 74 años tiene exceso de peso (36,3% tiene sobrepeso y 13,9% tiene obesidad), según datos de peso y talla declarados. Respecto al año 2006, el porcentaje de población con exceso de peso ha aumentado entre los 18 y 44 años. La necesidad de combatir la obesidad en los países ricos, especialmente entre la población más joven –incluyendo la infantil-, se ha convertido ya en una de las primera prioridades en salud pública. Como se ha comentado en GCS, la proliferación de restaurantes de comida rápida a bajo precio es uno de los determinantes del reciente aumento del sobrepeso y la obesidad en los adultos (GCS volumen 6, número 4,página 172), y las repercusiones que la obesidad tiene en calidad de vida y en mortalidad asociada son poblacionalmente muy relevantes (GCS volumen 7, número 3, páginas 120 y 121).

En Estados Unidos, la primera dama encabeza la campaña “Let´s Move!” (http://www.letsmove.gov/), que engloba un conjunto amplio e intersectorial de iniciativas para disminuir la obesidad infantil mediante la promoción de la realización ejercicio y la alimentación saludable. El Departamento de Salud de la ciudad de Nueva York, bajo el liderazgo de Michael Bloomberg, quería llevar adelante la “soda ban”, una regulación local para que los establecimientos sirvieran bebidas edulcoradas en vasos más pequeños. La iniciativa, que se ha mostrado efectiva para disminuir el consumo, está de momento derogada, si bien se va a apelar. La ciudad de Nueva York es, de hecho, pionera en este tipo de medidas, y ya en el 2006 limitó las grasas “trans”, lo que ha tenido un impacto positivo en la salud de la población y ha impulsado medidas parecidas en otras ciudades y estados.

Con todo, una de las medidas más efectivas se halla en la política industrial, obligando a la industria alimentaria a que disminuya los contenidos de sal, azúcar y grasas en sus productos, tal y como el NICE ha recomendado. Las medidas impositivas serían otra alternativa: si bien los impuestos sobre los productos con grasas y sal deberían ser descartados por su importante regresividad fiscal, los impuestos sobre las bebidas excesivamente azucaradas si podrían ser óptimos dada la poca elasticidad de la demanda de estos productos, como recientemente apuntaba Guillem López-Casasnovas.

Estrategias de tipo “paternalismo libertario”, ya comentadas en este blog no deben tampoco olvidarse en un tema como éste, en el que la presión de grupos y los vínculos sociales tienen especial fuerza.
Jenny Holzer. “Protect Me From What I Want”. De su serie “Survival” (1983-85)

miércoles, 3 de abril de 2013

El elefante en la habitación: Los costes del tratamiento del cáncer también importan, por Anna García-Altés

El pasado mes de octubre The New York Times publicaba una carta escrita por tres médicos del prestigioso Memorial Sloan-Kettering Cancer Center. En ella, estos profesionales exponían su postura: habían decidido no administrar a sus pacientes con cáncer de colon avanzado el nuevo fármaco Zaltrap, con efectividad similar al fármaco habitual (añade 1,4 meses de vida) y con un precio más que doble ($11.063 por mes de tratamiento). En la carta, este grupo de profesionales afirmaba que ignorar los costes de los tratamientos ya no es sostenible, y que su decisión era racional, no “de racionamiento”. Pocos días después, el presidente de la sociedad americana de oncología clínica apoyaba la decisión tomada, y recordaba que los clínicos tenían que asegurar que sus pacientes reciben atención sanitaria que aporte valor, y que no siempre la mejor atención es la más cara. De hecho, esta sociedad científica se había unido a otras sociedades médicas en la iniciativa Choosing wisely y había hecho públicas 5 intervenciones que no aportaban valor.



La respuesta del fabricante del fármaco, en este caso Sanofi, no se hizo esperar. Un mes después, de nuevo The New York Times se hacía eco de la respuesta del fabricante de, a pesar de no cambiar el precio oficial del fármaco, ofrecer descuentos de hasta el 50% . En Estados Unidos, por ley, el Medicare debe cubrir todos los fármacos para el tratamiento del cáncer que la FDA aprueba. En muchos estados, las aseguradoras privadas se acogen al mismo estándar. Esto impone un coste muy alto, tanto para el sistema, como para los pacientes que han de pagar los fármacos de su bolsillo. 

Por poner un ejemplo de la magnitud del problema, en Catalunya el año 2011 el gasto en medicación hospitalaria de dispensación ambulatoria fue de 631 millones de euros, lo que representa casi el 7% del presupuesto sanitario. En el caso catalán, y para evitar que haya diferencias entre los criterios de tratamiento entre centros y entre pacientes, estos fármacos pasan por una comisión armonizadora, que emite recomendaciones sobre su lugar en la terapéutica en condiciones de práctica clínica habitual, tipo de pacientes al que van dirigidos, condiciones de uso, y criterios de seguimiento. Ahora bien, más allá del cálculo del impacto presupuestario, las recomendaciones no incorporan el criterio de coste-efectividad. Con todo, la fijación de precios de los nuevos medicamentos resulta cada vez más compleja, como señala hoy el interesante post en Forbes de John LaMattina, anterior presidente  de Pfizer Global Research.
En EEUU, algunos colectivos de oncólogos se han posicionado a favor de evaluar los resultados clínicos reales, más allá de apreciaciones personales inconsistentes  y evidencias suboptimas, y combatir contra la ética que defiende pequeños resultados a cualquier precio . Algunos de ellos incluso han hecho recomendaciones prácticas aplicadas al manejo de los pacientes con cáncer. La necesidad de tener en cuenta el valor añadido de los fármacos para el cáncer es ineludible desde hace tiempo, y se hace imposible no ver el elefante en la habitación.


martes, 12 de marzo de 2013

Gestión y eficiencia farmacéutica, por Ricard Meneu

El DL 2/2013, del Consell de la Generalitat Valenciana, sobre “Actuaciones Urgentes de Gestión y Eficiencia en Prestación Farmacéutica y Ortoprotésica” es un ambicioso intento de poner en marcha algunas de las estrategias que más razonadamente se han reclamado para reorientar esta asistencia.  De su amplio articulado destacan tres grandes aspectos:


  • La apuesta por ajustar la prescripción e indicación de tratamientos farmacológicos a unos algoritmos de decisión terapéutica corporativos que incorporen y orienten hacia los medicamentos que representen las opciones consideradas más coste-efectivas. En este ámbito destacan también  el fomento de los mecanismos de compra conjunta y centralizada y el impulso  a los acuerdos de riesgo compartido, siempre que se disponga de medidas de resultados aceptables
  • La voluntad de reordenar  las condiciones de la  distribución, permitiendo  suscribir “acuerdos marco” que las regulen tanto en modalidad colectiva como individual (con colegios farmacéuticos profesionales, pero también con  entidades, instituciones y personas físicas o jurídicas a través de las que adherirse voluntariamente).  Un diseño que deberá restar protagonismo al cártel colegial, históricamente devenido patronal boticaria, al tiempo que posibilita la concertación selectiva de un número inferior a las oficinas de farmacia abiertas al público.
  • También la pretensión de hacer posible la incentivación por prescripción racional de medicamentos, de acuerdo con reglas de distribución explícitas. Sin duda no faltará quien apele a los principios éticos de no cobrar más por hacerlo bien, omitiendo según costumbre la simétrica y más dudosa ética de cobrar lo mismo por hacerlo peor. Lógicamente la deseabilidad de estos esquemas dependerá del rigor de los algoritmos que los sustenten.
Son estas dificultades de carácter técnico las que pueden dar al traste con las mejores intenciones. Aunque el texto aun presenta importantes lagunas, haciendo corto en demasiados aspectos necesitados de importantes dosis de valor y aún mayores de inteligencia, sorprendentemente – por lo inusual -está orientado hacia donde debe: a lograr ciertas mejoras de eficiencia desde la perspectiva de los financiadores y usuarios (Administración y ciudadanos),  y no meramente desde la de los proveedores, que es la que clásicamente ha primado.

domingo, 3 de marzo de 2013

Menor riesgo cardiovascular para los que comen mediterráneo, por Carlos Campillo

Contamos con mucha menos información para diseñar y elegir políticas con intervenciones preventivas que con terapéuticas. Las mayores ventajas competitivas del hermano rico (la terapéutica) y el lugar relegado que ocupa el hermano pobre (la prevención) se explican por varias razones. La prevención no tiene beneficiarios identificables. Sus costes son inmediatos. Sus beneficios no se palpan más que a medio y largo plazo. Cuanto menos criterio y conocimiento tiene quien decide y más cortoplacista es en su planificación, menor retorno de inversión percibe en la prevención.

Si, además, las miradas a la salud de la población no se lanzan a través del prisma de la salud pública, las dioptrías aumentan, se deja de hacer lo socialmente conveniente o lo que se hace se hace mal. En ambos casos se pierden los beneficios potenciales de la prevención a escala poblacional. Es la costumbre.

Sin embargo, hay quien afortunadamente porfía, como el grupo de investigadores españoles a quienes el NEJM les acaba de publicar los resultados de un ensayo clínico. Asignaron aleatoriamente a tres grupos 7447 personas sin enfermedad cardiovascular, pero con alto riesgo de padecerla: uno con dieta mediterránea con suplementos de aceite de oliva extra virgen, otro con dieta mediterránea con suplementos de nueces, avellanas y almendras, y otro control (sólo les aconsejaron reducir su ingesta de grasas). Tras un seguimiento (medio) de 4,8 años y habiendo mantenido una buena adherencia a las dietas, el riesgo conjunto de padecer infarto de miocardio, ictus y muerte de causa cardiovascular se redujo, respecto al grupo control, entre  8 y 46% en el primer grupo y entre 4 y 46% en el segundo. Los numerosos detalles de este estudio se encuentran aquí.    
Dos advertencias. No hay estudio aislado que aporte resultados definitivos: se acumula conocimiento paso a paso y este estudio da uno más, importante. Riesgo poblacional y riesgo individual: en este estudio, la reducción del riesgo se ha observado en un grupo. Aunque ningún adepto a lo mediterráneo debe esperar que en él, como individuo, ese riesgo se reduzca necesariamente del mismo modo, que siga comiendo mediterráneo.  
Adicionalmente, ninguna investigación convencerá a quienes gozan de alguna iluminación. El New York Times, que ha dado amplia cobertura a este trabajo,  recoge como el autor del best seller “pro-vegano” Prevent and Reverse Heart Disease: The Revolutionary, Scientifically Proven, Nutrition-Based Cure  lo descalifica señalando que “those in the Mediterranean diet study still had heart attacks and strokes”. A su juicio, lo que muestra el estudio es que “the Mediterranean diet and the horrible control diet were able to create disease in people who otherwise did not have it.”. 
As you like it

martes, 12 de febrero de 2013

Haciendo transparentes los resultados del sistema de salud, por Anna García-Altés

El interés creciente de la ciudadanía por acceder a información en el ámbito de la salud, interactuar con el sistema sanitario y participar en las decisiones que les incumben está impulsando diversas iniciativas interesantes. Así, se desarrollan nuevas vías de comunicación, como portales web, donde es posible encontrar información sobre el sistema sanitario, sus recursos, enfermedades, etc.

En Catalunya se hacen públicos desde hace cuatro años los resultados del sistema sanitario, a través de los informes de lo que se llama la “Central de Resultados”. Los primeros informes permitían un análisis sistémico, de territorios y proveedores, mediante indicadores relativos a estado de salud, calidad asistencial, eficiencia, etc. El último informe  ha dado un paso adelante, y los datos publicados (de atención hospitalaria y atención primaria) hacen transparentes los resultados de cada uno de los centros sanitarios al identificarlos inequívocamente de manera nominal.
Además de la transparencia y la rendición de cuentas en la gestión de recursos, que ya son objetivos últimos en sí mismos, estos aportes contribuyen a mejorar la calidad asistencial mediante la comparación de centros, el benchmarking y la puesta en común de las mejores prácticas. De hecho, la iniciativa ha sido muy bien aceptada por el sector, participando todos los hospitales y equipos de atención primaria del sistema sanitario público catalán.

En el Estado español no existe ninguna experiencia parecida, ya que si bien es cierto que el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad hace un esfuerzo por a disposición de los ciudadanos un conjunto importante deinformación relativa al sistema de salud (global y por comunidad autónoma), y que algunas CCAA -como Andalucía y Madrid- publican datos concretos, en ninguno de los casos los resultados se presentan centro por centro, identificando nominalmente los resultados asistenciales. Internacionalmente abundan iniciativas similares, en Alemania, Holanda, Francia, Reino Unido, Australia, Canadá y Estados Unidos.

Por el bien de todos, hemos de esperar que se generalicen estas “buenas prácticas", permitiendo monitorizar los resultados alcanzados y mejorar los procesos de rendición de cuentas para poder exigir a nuestros gestores el mejor cumplimiento de sus cometidos. Y a ser posible, no solo en la sanidad.

miércoles, 30 de enero de 2013

Ya somos europeos, por Antonio García Ruiz

España ha sido hasta hace poco tiempo un país de referencia para la fijación de los precios[1]  a nivel internacional pero, esa hegemonía que hacia que la famosa P del gasto (PxQ) fuese baja, ha dejado de serlo. En un informe realizado por la Office of Health Economics (OHE) se pone de manifiesto como ya somos europeos en precios.
El informe de la OHE es una actualización, con datos de 2011, de un informe que viene haciendo el Departamento de Salud británico des de 1996. El informe ha sido realizado por encargo de la Association of the British Pharmaceutical Industry (ABPI), utilizando la misma metodología que los informes previos.


Los medicamentos analizados en este informe fueron los 250 medicamentos que más gasto ocasionaron en la atención primaria, excluyéndose los medicamentos usados a nivel hospitalario y/o residencias (home care): los medicamentos incluidos en el análisis representaron entre el 40% del gasto total de EE.UU. y el 60% en Irlanda; en España estos medicamentos analizados supusieron el 50% del total del gasto en medicamentos en 2011. Los precios empleados fueron PVL.

Tal y como puede verse, los precios de los medicamentos de España se sitúan al mismo nivel que los de Italia, Reino Unido, Finlandia y Francia. Algo por encima quedan los precios de Australia, Austria, Bélgica, Irlanda, Holanda y Suecia. Los precios más altos corresponden a Alemania y, sobretodo, a Estados Unidos.


Aunque las comparaciones internacionales de precios se ven afectados por una serie de factores como cambios en los precios a través del tiempo, volúmenes de productos (envases), productos que cambian (genéricos), etc., en este trabajo las fluctuaciones en los precios de los medicamentos analizados se deben más a variaciones y/o depreciaciones de algunas monedas locales (libra, corona sueca, dólar) que a variaciones en el precio real (PVL) de los medicamentos en los distintos países analizados.
Sin embargo, en esta situación también tienen algo que ver las exportaciones paralelas, donde España, una vez más, está a la cabeza al tener precios bajos. De hecho, y aunque no se aplican “latu sensu” discriminaciones de precios “a la Ramsey”, sí que hay laboratorios farmacéuticos que dividen a los países en vías en desarrollo en categorías para aplicar diferenciación de precios. También en algunos informes se ha visto como, a partir del Real Decreto de agosto de 2012, se han ido incrementando las ventas de “genéricos”, información que debería complementarse con la comparación de los precios de los génericos en distintos países. Finalmente, tal vez habría que cambiar de verdad nuestra política de precios de referencia, que deja mucha bajada en el saco y se aprovecha del excedente del consumidor.


[1] Si alguien sabe como se realiza dicha fijación que lo diga, será el primero


martes, 22 de enero de 2013

La renovación de la Atención Primaria desde la consulta, por Ricard Meneu

Hace poco más de un año dábamos cuenta de la aparición, en la colección de Economía de la Salud y Gestión Sanitaria que dirige Vicente Ortún , del libro “La refundación de la Atención Primaria”. Seguramente a muchos les supo a poco porque ahora podemos anunciar un sugerente nuevo trabajo  sobre la cuestión: "La renovación de la Atención Primaria desde la consulta".

La obra, coordinada por los médicos de familia Josep Casajuana y Juan Gérvas, responde  claramente a su título, lo que casi es noticiable. No debería extrañar, pues ambos llevan décadas impulsando iniciativas clínicas, gestoras y de investigación para mejorar la atención de los pacientes

No podemos menos que recomendar la compra del libro, aunque los lectores más impacientes pueden  disfrutar de las ventajas de su licencia  Creative Commons  y acceder desde aquí al texto completo.

Para los menos voraces, o solo interesados en algunos aspectos concretos, los distintos capítulos  se enlazan desde aquí:

CAPÍTULO 1. Introducción:la necesaria renovación de la Atención Primaria desde "abajo", desdela consulta. El ímpetu innovador contra la rutina y la "cultura de laqueja". Juan Gérvas y Josep Casajuana

CAPÍTULO 2. La renovación de la Atención Primaria desde la consulta. Josep Casajuana

CAPÍTULO 3. Propuesta práctica de renovación clínica en la consulta de Atención Primaria. Juan Gérvas y Mercedes Pérez Fernández

CAPÍTULO 4. Aprendiendo de los otros países europeos. Josep Casajuana y Marc Casajuana

CAPÍTULO 5. ¿Cómo responden los médicos de cabeceraa los problemas clínicos diarios en países europeos con pago por capitación y lista de pacientes?. Juan Gérvas, Mercedes Pérez Fernández y Roberto Sánchez

CAPÍTULO 6. Cómo lo que vamos aprendiendo acercade la elección de especialidad médica puede ayudar a refundar la Medicina de Familia y Comunitaria. Beatriz González López-Valcárcel y Patricia Barber Pérez

CAPÍTULO 7. ¿Recibimos demasiada asistencia? ¿Innecesaria? Algunos elementos para no perderse en el debate de la reasignación. Francisco Hernansanz Iglesias

CAPÍTULO 8. Crisis en España: ¿cómo renovar los servicios sanitarios? Vicente Ortún y María Callejón

CAPÍTULO 9. La renovación de la Atención Primaria. Vistas desde la platea. Ricard Meneu y Salvador Peiró

Hiroshi  Sugimoto. Hollywood cinerama theatre

En unos momentos en que el diseño de nuestra sanidad se encuentra ante una encrucijada, conviene repensar algunas creencias, verificar algunas certezas y arriesgarse a intentar lograr algunas de las importantes mejoras que nuestra Atención Primaria aun encara.

domingo, 6 de enero de 2013

Por picos, palas y azadones... por Salvador Peiro y Ricard Meneu

“Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados; por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento cincuenta mil ducados; por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados; por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados […]”
De este jaez eran las proverbiales “Cuentas del Gran Capitán” según una de las versiones, no muy distinta a la que aportó Lope de Vega.  Parece que este arquetipo español, orgulloso, chulesco, temerario, desafiante y que se cree dispensado de rendir cuentas de su manejo de los recursos encomendados,  está menos amenazado que el reino en que surgió. Más de cinco siglos después de las hazañas de Gonzalo Fernández de Córdoba justificando la campaña de Nápoles, el proceso de externalización de la actividad sanitaria de 6 hospitales de la Comunidad de Madrid se empeña en remedar este tipo de cuentas. 


Hasta ahora las cifras provenientes de fuentes de la propia Comunidad de Madrid incluyen:
·  “De media, el coste total de la asistencia sanitaria especializada de la población de los hospitales de gestión mixta es de unos 600 euros por habitante, mientras que en los hospitales con modelo capitativo más recientes, este coste medio anual es de 441 euros” [Fuente: Plande medidas de garantía de la sostenibilidad del sistema sanitario público de la Comunidad de Madrid].
Varias horas perdidas intentando encontrar algún número más justificado han resultado estériles. Lo que debería sorprender (y no lo hace porque lamentablemente estamos curados de espanto) es que con semejantes “cuentas” se pueda hablar de “Plan” y liar la que se ha liado. Mala cosa para una sociedad que la información, los datos y la transparencia sean sustituidos por la propaganda, el genio y figura y el carrolliano “lo importante es saber quien manda”. 
Para los interesados en el análisis de los limitados datos disponibles,  se está produciendo un excelente debate sobre la gestión pública y privada de los servicios sanitarios en el blog “Nada es gratis. Ya están debatiéndose los posts de Sergi Jiménez y Juan Oliva,  Salvador Peiró y Ricard Meneu y  Vicente Ortún, mientras se anuncian  próximas entradas de Beatriz González y Guillem López Casasnovas.

Pero volviendo a las cuentas, uno de los aspectos que contribuye a oscurecer el debate ha sido la utilización como “evidencia” de futuros ahorros del informe “Evaluación de resultados de los hospitales en España según su modelo de gestión  elaborado por IASIST. Los medios de comunicación hicieron especial hincapié en que, según este informe, los hospitales “privados” mostraban un “coste” inferior en un 27% a los hospitales  “públicos”.
Como de costumbre, su lectura atenta no justifica tanto ruido. Además de los obvios problemas de meter en el mismo saco  cosas muy heterogéneas, el uso del informe de IASIST para sacar conclusiones sobre lo “público” y lo “privado” en el contexto de los planes de externalización de la Comunidad de Madrid  viene muy limitado por dos hechos:
1.   No se comparan hospitales públicos frente a concesiones, sino hospitales  de gestión directa administrativa (con personal estatutario) frente a hospitales bajo “otras formas de gestión”, incluyendo entre estos últimos fundaciones, empresas públicas, concesiones, PFI, PPP, etc. De hecho, de los 37 hospitales incluidos en el grupo “otras formas de gestión”, 27 eran hospitales catalanes (previsiblemente consorcios entre las administraciones locales y otras entidades o instituciones en su mayor parte). Llamativamente, los hospitales madrileños que se pretenden transformar en concesiones se hallarían -de participar en el estudio- en el grupo de estos otros hospitales supuestamente más “eficientes” que los de gestión directa, ya que se trata de empresas públicas bajo regímenes no estatutarios. O sea,  que los hospitales que justifican la pretendida transformación del modelo de gestión de esos seis hospitales madrileños son… los que tienen las características actuales de esos hospitales.

2.  En segundo lugar, el informe compara el coste por “unidad de producción hospitalaria” (que no se explica con exactitud pero se supone una combinación ponderada de altas, urgencias, consultas y, quizás, otros servicios) entre ambos tipos de hospital y no el gasto hospitalario por habitante. Esta es la variable relevante cuando se debate sobre concesiones que deben atender la población de un territorio a cambio de una prima de base capitativa. El coste por servicio prestado (por unidad productiva, por ingreso, …), que tiene valor para informar otro tipo de decisiones, depende en buena medida del número de unidades producidas: cuanto más servicios se presten,  los costes fijos del hospital se irán distribuyendo entre un mayor número de unidades, disminuyendo su coste unitario. Sin embargo, la suma de los costes variables asociados a cada una de las unidades puede llevar a que el gasto hospitalario sea mayor.  En definitiva el gasto es una función del coste medio por la cantidad de servicios prestados. Y aunque el precio medio se reduzca, si lo hace  aumentando el número de servicios, el gasto total depende de ambos componentes. En el post ya citado de Nada es Gratis, se muestra, para la Comunidad Valenciana, como los menores costes por ingreso de las concesiones no se traducen en menor gasto hospitalario por habitante. 

Más preocupante aun resulta que nadie haya comentado las diferencias en mortalidad entre ambas formas de gestión, algo que por llamativo debería haber generado bastante más ruido. Según el informe de IASIST los hospitales bajo “otras formas de gestión” tienen un 13% menos mortalidad que los de gestión directa, y las diferencias son estadísticamente significativas. En otras palabras, si el análisis fuera correcto, una de cada 8 muertes en un hospital de gestión directa se hubiera evitado de haber ingresado el paciente en un hospital bajo otras formas de gestión. Otro día hablaremos de las limitaciones de este tipo de análisis. De momento, digamos que obviar este dato del debate (mucho más trascendente que el de los costes) parece tener una justificación primordial: el conjunto del informe habría perdido credibilidad.